Registro de nuestro Enviado Espacial Sebatián Piñones en su estadía de poco más de un año en la región de los lagos, específicamente y casi en su totalidad, en el Archipiélago de Chiloé. En esta primera entrega contamos con registro fotográfico de localidades como Quemchi, Aucho, Lliuco, Hüite y Dalcahue.
Quemchi / Chiloé
Un lugar de un encanto único, biodiversidad en toda su magnitud, desde los Pudús, Gatos Güiña, Monito del monte, Rana de Darwin a Toninas en las costas de Lliuco. Cientos de pelícanos en Aucho y una gran concentracion de Cisnes entre Ketrus, Chelles y Gaviotas Australes y Chilenas, anidando entre un desolador paisaje contaminado por los vestigios de las Salmonelas. Aves que construyen sus nidos no solo con raíces sino que también con plástico y trozos de cabos lanzados al mar en la península de Hüite.
Todo el trayecto Rural cubierto de un tupido Bosque Nativo de gran extensión, lugares de encuentro como Puerto Oscuro y el paseo obligado por Pinquén. En un resposo en el que quedas frente a la Isla Aucar y poco mas allá, las cascadas de tocoihue para terminar visitando el lugar de las Dalcas.
La agrupación británica Psychic TV surgió en 1981 de las cenizas de los pioneros Throbbing Gristle, la banda que junto a Cabaret Voltaire sentó las bases de todo un nuevo género sónico: vanguardia, electrónica y punk ensamblados y redefinidos para dar origen a la música industrial. De todo esto, quedó testimonio sonoro en sus dos primeros discos: ‘The Second Annual Report’ de 1977 y ‘D.O.A The Third And Final Report’ de 1978. Posteriormente editaron el inolvidable ‘20 Jazz Funk Greats’ en 1979, puñado de canciones mutantes y extrañas que cerraban la gran trilogía de esta banda.
Throbbing Gristle y Psychic TV fue y es y será esa artista pandrógina llamada Genesis P-Orridge. Desde que ideara en 1969 el seminal grupo de performance Coum Transmissions, Orridge ha diseñado proyectos, comportamientos, acciones contra el convencionalismo y los mecanismos de poder. Además de Psychic TV, en 1999 creó Thee Majesty como plataforma emisora de spoken word y secuencias sonoras de ambient.
Volviendo al origen de Psychic TV, hay que situarse en mayo de 1981 cuando Genesis P-Orridge, convencido de que Throbbing Gristle ya no podía ir más lejos creativamente, decide poner fin a la banda. El cuarteto se separa y de ello sale formando un dúo: Chris Carter y Cosey Fanni Tutti (Chris & Cosey), mientras Christopherson y Genesis P-Orridge deciden seguir por su cuenta embarcados en nuevos proyectos. Será el reencuentro entonces de Orridge con Alex Fergusson (ex-guitarrista de Alternative TV) un hecho determinante para que después naciera Psychic TV, conexión traducida pronto en la composición del que será su primer tema, «Just Drifting», una balada que sedujo a Orridge por su romanticismo y su anti-industrialismo como contradicción irónica hacia el pasado de Throbbing Gristle.
Este fue el arranque de Psychic TV: Genesis P-Orridge (voces, teclados, bajo, cintas, percusión), Peter Christopherson (teclados, percusión) y Alex Fergusson (guitarras, bajo, percusión, teclados), en compañía de Jordi Valls, colaborando de forma esporádica.
En 1982, Psychic TV lanzó primer álbum que hoy sigue resultando mítico: ‘Force The Hand Of Chance’, un trabajo muy cercano al pop que además en sus primeras 5.000 copias, venía acompañado de otro disco de regalo, ‘Themes’. Marcado por un espíritu optimista y romántico, ‘Force The Hand Of Chance’ presentaba además temas tan pop como ‘Stolen Kisses’ y canciones funk como ‘Ov Power’.
Después de falsas acusaciones de abuso de menores y pornografía en 1992, Psychic TV se mudó a California donde se contactarían con el mismísimo Timothy Leary, afamado médico a favor del uso del LSD, y se introducirían en la escena dance underground de los Estados Unidos. Durante esta década de los 90 se publicaron numerosas recopilaciones, nuevas reediciones de material antiguo, remezclas y bandas sonoras. Además Genesis P-Orridge inició, en 1994, una serie de discos junto a Larry Thrasher, ambientador sonoro, centrados en sus trabajos de spoken word. En 1996 lanza un hipnótico álbum de pop psicodélico,’ Trip Reset’, donde incluyen una versión de ‘Set The Controls For The Heart Of The Sun’ de Pink Floyd y una joya dedicada a Syd Barrett: ‘A Star Too Far (Lullaby for Syd Barrett)’.
Desde aquel primer disco hasta la actualidad, Psychic TV ha producido un impresionante número de álbumes, muchos de ellos grabados en directo, además de varias resurrecciones, cambios de formación e invenciones artísticas/estilísticas, siempre caracterizadas por su independencia radical, el riesgo, el sexo, la religión, el ocultismo. Todas las armas necesarias para retar al status quo, al convencionalismo y a la sociedad bienpensante y sus normas establecidas.
Una vida completa de música, experimentación, vanguardia, extraña belleza y que tuvo a Genesis P-Orridge como un ser brillante y oscuro a la vez, que dedicó su existencia al arte y que llegó a su fin, primero con el diagnóstico de leucemia en 2017 y posteriormente con su deceso el 14 de Marzo de 2020, a la edad de 70 años.
El río corriendo libremente, sabes cómo me siento.
Flores en el árbol, sabes cómo me siento.
Es un nuevo amanecer, es un nuevo día,
es una nueva vida, para mí, y me siento bien…”
(Nina Simone, Feeling Good, 1965)
“El Imperio de los Sentidos” fue una película japonesa de 1976, dirigida por Nagisa Oshima, que causó un importante escándalo en la época porque fue de las primeras películas concebidas de la corriente del llamado “cine arte” o de autor, que trascendió el panorama mundial por utilizar contenido sexual explícito y no fingido de los actores, incluyendo escenas de felación, eyaculación o escenas más radicales como cuando el personaje femenino, Sada (fonéticamente parecido a Sade, como el Marqués) literalmente ‘pone’ un huevo que le introducen en la vagina que después se lo come el protagonista masculino que se llama Kichizo, como un placer sensual, el que también en otra escena la masturba y se lame los dedos, pese a que su compañera está con la menstruación. Todo un itinerario de erotismo y salvajismo, parafilias y mordiscos para potenciar la intensidad del sexo, que hicieron de “El Imperio de los Sentidos” una pieza de culto dentro de la cinematografía mundial en una década tan trascendental como fueron los años 70, donde nacieron otros títulos como “El Último Tango en París”, “La Naranja Mecánica” o “Los Demonios”, que dieron otro soplo -estético, palmario, filosófico, carnal- para presentar contenidos sexuales en el cine.
Sentidos explícitos. Lo explícito siempre está ligado a potenciar emociones. Y las emociones siempre han sido nuestros motores de las actividades cotidianas, y a lo que estamos expuestos. Básicamente son estados de ánimo que se conceptualizan en emociones determinadas. Son resultado de las emociones que detonan lo que nos rodea el diario vivir. Ira, decepción, excitación sexual, rabia, dicha, tranquilidad, serenidad, hastío, vacío, confusión, esperanza, ternura, corrosión.
Uno se puede preguntar a pecho abierto: ¿Cuál ha sido “nuestro” imperio de los sentidos, hablando desde una óptica nacional, de pueblo, de patria, de un feudo que aún tiene tantas trancas y bucles que pareciera que nunca terminamos de batallar como lo es Chile? Sin duda, no es lo suficientemente excitante ni estimulante como la película japonesa, porque es un poco más macabra, pero que deja muchísimo espacio para la meditación.
Posterior a un punto de quiebre que derivó en un estallido, tuvimos una pandemia, y entre cortes y cuchillazos, no nos ha dejado respiro la máquina: restricciones de movilidad, censuras solapadas al comportamiento y libertades individuales, uso de mascarillas obligatorio, pases, códigos QR, entumecimiento de sentimientos y compartir entre humanos, y suma y sigue. Los programas televisivos con políticos y médicos de clínicas privadas nos asustaron por meses diciendo qué era lo que debíamos hacer y no, y la población religiosamente acotaba y anotaba todo en guión, sin pero que valga. Lo que diga la televisión, es cierto, no se cuestiona, no se altera, porque se preocupa por nosotros. Nada de alucinaciones ni pensar por nuestra cuenta.
Pudimos exacerbar un cataclismo diverso de sentimientos que se tradujeron en arrebato y quiebres. En el Chile de este 2022, no hay más salvataje que utilizar el humor negro como mecanismo de defensa legítimo y, naturalmente, el sentido común. Y en Chile, por supuesto, el sentido común es algo que generalmente no abunda. Lo que hemos estado viviendo ha sido una película de pésimo gusto, donde la comedia negra y la tragedia orwelliana han sido los principales ingredientes, como un episodio de Los Simpsons donde votan por una ley para expulsar a los extranjeros como Apu del minimarket, y después de un acalorado discurso de Homero para incentivar el rechazo, finalmente gana la estúpida ley… Y así. Infatigable risa negra. Negrísima. Y explícita claro.
Patricio Bañados, ese honorable y erudito caballero de las comunicaciones y televisión que potenció toda una escuela de pensamiento con la Radio Beethoven y programas como “El Mirador”, dijo en una oportunidad que le era inútil discutir sobre si se debía tener o no una televisión educativa, cuando la realidad era muchísimo más agria, considerando que los dirigentes y los zares ejecutivos de los canales jamás han querido incorporar el hecho de que la televisión es, guste o no, una de las principales fuentes de información que consume la población.
Vivimos en una película gore donde la portada de un diario anuncia la compra de un automóvil de una figura televisiva en gigantes letras rojas y el anuncio de una ley está en la cola de la impresión. Los medios de comunicación en ese sentido funcionan tal como el mito de la caverna de Platón, es sabido: muestran la porción que siempre les conviene, el espejismo, la sombra que vemos proyectada en la pared y tragamos como realidad, la distorsión enferma desde la cuna.
Piñera, Putin, Bad Bunny, el Will Smith, la Ministra Siches y la lluvia de balas, la Tere Marinovic y su alucinante repertorio de groserías que pasó al olvido (si hubiera sido alguien de izquierda, lo más probable es que estarían con captura internacional), Don Francisco que aparece como la serpiente del Libro de la Selva cuando hay aluviones o tragedias para sacar algún peso extra delante de las cámaras, los relojes de la Tonka, la señora de Maitencillo, la ley y el orden en las calles, difundiendo mentiras una y otra vez, inyectando miedo, y un largo etcétera… Todos aparecen en un bucle vertiginoso de imágenes y encuestas con maquillaje y efectos especiales donde se mezclan ídolos tumbados y otros que aparecen como cortinas de humo para distraer, casi torpemente, y resulta impactante darse cuenta que no se percatan que les hacen gato por liebre, a vista y paciencia de la ciudadanía, impávida.
«Lo importante es mantener a la población
en estado de continuo miedo, por lo que las
noticias se contradicen de un día para otro.
Así se mantiene un Estado de emergencia
nacional interminable, justificando cualquier
abuso de las autoridades…»
(George Orwell, 1984)
smart
Con la pandemia, nos vimos enfrentados una y otra vez a la policía, ni siquiera originada desde la misma institución tan denostada y desprestigiada como lo ha sido Carabineros, sino a la policía de la misma población: las personas juzgándote o no en la misma calle por tu comportamiento libertino, por andar bailando o escuchando música fuerte cuando debieras estar presa del miedo, por usar o no mascarilla, por toser o no en público, por no estar pendiente del conteo Covid con los ministros como si fuese un ranking de reinas de belleza, etcétera. Pasado un poco el impacto inicial y la conciencia mundial de la pandemia, nos pudimos ver en un manto de más tranquilidad asumiendo que los virus estarán formando parte de nuestra vida, como siempre ha sido, tomando el autocuidado correspondiente, sin alimentar más esa bestia que era el pánico innecesario que tanto excitan a la prensa y los grandes canales de televisión.
Los memes atacan con sangre, tal como las imágenes de Ucrania y Rusia, y todos quieren cuanto antes la cabeza decapitada en bandeja de plata. Los periodistas de las grandes cadenas viajan a Europa para cubrir en primer plano una guerra, pero se aglutinan como hormigas calladas si los mandan a la Araucanía acá en Chile. Hablan por los codos y al final todos quieren la tajada más grande sin importar si la otra persona está agonizando al lado nuestro. Un día, vi una portada de cierto diario (que llamaremos Las Últimas Estupideces) y estaba en primera plana la alergia en los labios que había sufrido una actriz nacional; y fue inevitable no sentir una carcajada salvaje, incluso hasta siniestra. ¿En qué momento este tipo de noticias triviales se transformaron en primera plana? ¿En qué momento hay personas que de verdad compran y consumen estas noticias como prioridad de un titular? ¿Dónde se murió la ética del periodismo, dónde está ese imponente cadáver para ir a dejarle algún clavel mínimo? ¿En qué momento periodistas, editores y productores ejecutivos se han infectado a tal punto de no tener vergüenza para publicar y difundir estas noticias? ¿Por qué ese tipo de noticias, son consideradas como información, y -más importante aún-, por qué hacen creerle a las personas que esas noticias debiesen ser focos o temas de conversación? Sentidos muertos. La lucidez completamente asfixiada por un grifo de mugre.
Vivimos en la “generación del microondas”, sin ambigüedades, donde la inmediatez y el absurdo se mezclan estrepitosamente, donde todo el mundo quiere todo de inmediato, donde no hay cabida para la cavilación, ni para la paciencia, ni para tragar ni pensar despacio, donde la amnesia y la ignorancia se apoderan de una aldea completa, se olvidaron de un presidente que fue declarado reo y heredó un camping mortuorio como país a la vista, se olvidan de Lavín que se escapó a España, y le piden a un presidente recién electo que arregle con una varita de hada madrina las cañerías y telarañas de una masacre con una cabeza de caballo y una casa hecha añicos que arrastra décadas. En menos de dos meses más imagino, el Presidente tendrá más canas y quizás ganas de querer meter la cabeza en una bolsa de papel, y uno podría comprenderlo. Cualquiera querría esconderse de tanta imbecilidad y jerarquía que no quieren soltarse de su grandiosa teta. Y resulta asombroso ver cómo arman con bisturí una propaganda destinada a desestabilizar la opinión pública a beneficio de los poderosos, siempre, y qué sorpresa, resulta hasta burdo.
Canal 13, por ejemplo, el buque insignia de la manipulación mediática con ese periodismo tratado con guantes blancos y orquesta emocional y de terror, dedica casi 15 minutos de noticias sin obstrucción para hacer un catastro de errores y destacada negatividad dirigida a cierto sector y gobierno, haciendo vista gorda de otros administraciones e insertando imágenes con caos, harto insert de precios caros, buses llenos, rabia al volante, gente llorando, entrevistando a personas de tercera edad que esperan locomoción volando bajo, insultando y subvalorando la inteligencia del televidente. Inflación, portonazo, violación, la burundanga, un camión en la Araucanía quemado, el aceite, las verduras, la furia nuevamente, frustración, el imperio de sentir rabia y decepción de tener que vivir en este vertedero aparente, la violencia juvenil, la violencia de la marcha, la violencia de género, en perpetua hipnosis.
Subterráneamente siempre nos han violentado, y nos han matado nuestros sentidos de discernimiento. Tenemos derecho a sentirnos enrabiados, no es excusa. Es tiempo de poner la mano encima. Hemos naturalizado tanta basura, tanta agresividad.
Crecimos con violencia creyendo que era todo así, en la misma caverna de Platón. Crecimos con un Don Francisco haciendo pomposidad de su desagradable machismo imperante que sostuvo en “Sábados Gigantes” por décadas sin que nadie dijera nada, o lo vimos burlarse sin tapujos de los detenidos desaparecidos en pleno horario de menores que tanto profesan; crecimos viendo al humorista Álvaro Salas ridiculizando la homosexualidad o burlarse de las personas VIH+ con Cecilia Bolocco en esos programas de la señal católica de los años 90. Y hemos tenido que aprender a sacarnos todos los desperdicios de los ojos. Muchos se han quedado en la ceguera, y otros recién están despertando. ¿No creen que ya es hora de dinamitar toda esa vieja escuela del horror, del verdadero horror?
“Cuando tu tiempo se acaba, y se cae al suelo, y sientes que puedes tocar. Todo el ruido es demasiado, y las semillas sembradas ya no te pertenecen. Tan sólo una operación menor para forzar un ultimátum final. Mil palabras pronunciadas en alto alcanzan al idiota,
engañando a la multitud…”
(Joy Division, “Leaders Of Men”, 1978)
¿Por qué no van al fondo del asunto? ¿Cuál es el gusto de preocuparse de tanta banalidad? ¿Por qué existe ese hábito desagradable de raspar solo la superficie y no ir al núcleo que genera esto? Se preocupan de los funerales de narcotraficantes, pero no van al meollo del asunto, ni a las poblaciones donde está el origen del fuego. Se olvidan de la instauración de la pasta base en dictadura, pero dejan que consuman y se pongan más idiotas. Se llenan la boca en protocolos, tarjetitas, scanner y pasaportes, pero dejan con libre acceso a violadores, sicarios, secuestradores y pedófilos sin control. ¿Quieren de verdad a su patria, o sólo anhelan el descontrol? ¿Aman tanto a su Chile o aman el poder que genera tanto miedo? ¿Cuál es el gusto de imponer su imperio a costa de toda la desgracia que azota a un pueblo nauseabundo de rabia y de injusticia por los cuatro costados?
Guión conocido: pronto vendrán la escasez, los recortes del agua y de la luz, la sensación de inseguridad instaurada, los noticieros con sus rostros lozanos, iluminados y acongojados, informando de los camioneros metiendo boche nuevamente en las carreteras, esos señores que solapadamente odian a las nuevas generaciones que cuestionan todo, que detestan a las diversidades y que blindan como sea a cierto abuelo de una dictadura que se encargó de meterles el verdadero virus destructor de sistemas inmunológicos por décadas, mientras dueños de las AFP, los supermercados, las cadenas de retail, las farmacias y los canales de televisión solo se siguen llenando los bolsillos con una truculenta sonrisa en la cara, y nosotros, desde abajo, vemos cómo su imperio sigue voraz de control. La pornografía está ahí mismo: su glotonería de poder en nuestras caras, cuerpos y decisiones, transmitiéndose sin freno los siete días de la semana a cada hora, y controlándonos hasta los huesos. O hacerles creer eso, por un tiempo.
«Para liquidar a los pueblos se empieza por privarlos de la memoria. Destruyen tus libros, tu cultura, tu historia. Alguien escribe otros libros, les da otra cultura, inventa otra historia; después, la gente comienza a olvidar lentamente lo que son y lo que fueron».
(Milan Kundera)
No hay imperio más poderoso que el de los sentidos, y el de los ojos bien abiertos, sin gobiernos inscritos en piedra, sin miedo, sin mediadores, sin más tristeza y hastío de una fila arrastrando los pies. Despierto en Chile en el año 2022, y veo que la ira y la frustración son patentes inagotables, pero también lo son la esperanza y la lucha. Si nos destruyen los libros, nos restringen el contacto, nos cuestionan la historia, nos hacen tambalear los precios de la comida y el transporte, nos inventan una noticia y nos exponen otro montaje para creer su versión de la historia, y así continuamente, ¿es válido que despertemos en masa nuevamente con los sentidos alterados sin disculpas? Su imperio, al menos, ya está advertido y muy agrietado, desgastado y desprestigiado. El nuestro apenas está despertando. Lo bueno es que aún crean que somos tontos. Y eso al menos, es suficiente motivo para estar vivo en esta época.
Cualquiera lo suficientemente desconectado de todo, podría aseverar que este “fin del mundo” de virus y ollas que se destapan a diario que se respira, es casi una patología o fantasía. Dicen que existe una realidad televisiva, donde las cosas triviales pasan a ser significativas, donde debes sacar un permiso para todo, donde los faranduleros nos dicen qué hacer y qué no, y hasta uno las aplaude por el nivel de delirio con que se presentan, como si realmente fuesen los salvadores de algo, que en realidad no existe, y que ellos tampoco nos salvarán desde la pantalla del televisor, porque ellos ya lo están; desde sus tribunas, sus sueldos, sus blindajes, sus sistemas de salud, sus círculos de poder, etcétera.
“Nuestra” realidad, cruda, laborando, tomando conciencia de una cuarentena, resistiendo, haciendo almuerzo, enfrentando cada nueva restricción (muchas legítimas, muchas irrisorias), informándonos debidamente por otras vías y medios informativos sin tanta televisión, por salud mental, calidad de vida, buen dormir, etcétera, parece ser una realidad mucha más sana, robusta y menos ‘contaminada’; sin sobredosis de matinales y sin sobreexposición del pánico de los noticieros, donde muchos científicos y médicos con conciencia y profesionalismo no tienen una plataforma para exponerse (y cuando lo hacen, el periodista de turno le hace preguntas infantiles y perezosas), pero sí muchos comunicadores que responden básicamente a un lobby, una línea política evidente, un empresariado, con argumentos flojos y alarmantes, un sentimentalismo desagradable, tonos de voz amenazantes sacados de cualquier mala película de extraterrestres gringos, con bandas sonoras que incitan a la paranoia, totalmente escolarizado de los principios de la propaganda nazi de Goebbels, el cruel y manipulador ministro de Hitler.
“Los nazis reales controlan tus escuelas. Son jefes, empresarios y policías. En un verdadero Cuarto Reich, serás el primero en caer….” (Dead Kennedys, “Nazi Punks Fuck Off”, 1981).
Finalmente, nos salvamos entre nosotros mismos, Y PUNTO. No serán los militares, no será el Presidente ofreciendo moneditas de oro o discursos imponentes como Ciudadano Kane, no será el Ministro de Salud, porque lo único que pretenden nuestros gobernantes es tenernos frágiles y temerosos frente a una pandemia que preocupa, pero que –bajo ningún punto de vista- nos debe coartar la vida, el autocuidado y el pensamiento. Y que -lógicamente- suavicemos la protesta social. Cada individuo debe buscar el camino y la mejor atención médica, y el que no puede pagarlo, tiene que resolverlo por su cuenta. Estamos insertos en una cruel economía de “the winner takes it all” (el ganador se lo lleva todo, tal como lo cantan Abba).
Estamos viendo en tiempo real que estamos mucho más interrelacionados que lo que nuestro brutal sistema económico nos ha hecho creer: se han visto gestos solidarios y nobles, preocupación y humanidad, todo el mundo cesante, aburrido, agotado, apoyo aquí y allá, la tecnología que nos salva y nos acerca, en fin, pero también se han visto las peores bajezas y egoísmos en el comercio a nivel global protagonizados, especialmente, por los más ricos y el retail. Para ellos, nosotros no somos más que un número, una estadística, una boleta. Independiente de lo real del virus, hay una construcción social y biopolítica del miedo que es indiscutible, tanto más peligrosa que una enfermedad de fácil transmisión. Este perverso sistema de segregación ha estado en guerra con nuestro ecosistema, pueblos originarios, gente en situación de calle, minorías, niños desprotegidos y adultos tercera edad. El capitalismo, ahora y siempre, ha sido el virus más destructivo de todos.
Vivimos en Chile, donde no se toca el modelo económico heredado de una dictadura, donde dejan morir en una sala de espera, donde la salud es un privilegio y no un derecho, donde los bolsillos de unos están engordando extraordinariamente gracias a la pandemia (siempre querrán la torta entera), donde a Carabineros se les destina más dinero para comprar guanacos y armamento de soldaditos de plomo para proteger una estatua, pero para nuestro personal médico y asistencial del país no hay suficientes insumos para una emergencia sanitaria de proporciones, donde no hay recursos o un techo decente para una escuela pública, donde curiosamente las cifras de contagios se disparan y las cuarentenas se hacen más radicales con tal de no hacer peligrar a la economía pero se suavizan y se muestran más “benévolas” justo antes de las fechas de comercio importantes como Navidad, día del Amor, de la rata o día ‘de lo que sea’, y en donde tenemos a un Presidente empresario que nos toma por conejillos de Indias y pretenden (digo ‘pretenden’, es sólo un pensamiento en voz alta) diezmar a la población más vulnerable y literalmente “silenciarnos” a todos, bajo la fórmula que sea. Todo esto viene como anillo al dedo.
Todo es plata para ellos, y miedo, y más miedo para nosotros. Y control social, claro. No hable, no ría, no haga fiestas, el virus se pone mala onda después en la noche, escuchar música fuerte es peligroso, tiene permiso para andar paqueando, ser feliz mata, el parque o la playa son focos de infección pero el mall o el casino no, debe pedir permiso virtual, es que usted no puede salir, debe caminar así, debe forjar su vida así.
Todo este irregular y descompuesto escenario local (y mundial) nos abre libre espacio a un desafío humanitario de proporciones, no es sólo la emergencia sanitaria: nos deja el camino a un empoderamiento que, al mismo tiempo, se rinde a la contención, colaboración, compañía y la revitalización del apoyo mutuo, un principio primordial de filosofías y pensamientos humanos como el anarquismo (no como quieren satanizarlo los analfabetos medios de comunicación como la televisión con un montaje lleno de imágenes violentas y semáforos desmayados); entre vecinos, comunidades, colegas, familiares, compañeros, parejas, etcétera.
El Estado chileno nunca fue creado para el bien común de nosotros: fue creado para proteger los privilegios de una clase política X, de una élite, no hay ninguna ciencia en eso; esto no es una fatal inoperancia e incongruencia del Estado solamente, es prácticamente su fin mismo. Frente a esto debemos contraponer la comunidad y nuestro vital ecosistema como nuestro valor máximo a proteger: protegernos lo máximo entre nosotros mismos, hacer lo necesario para que los nuestros tengan comida, afectos, buena salud, techo, cultura y refugio. Y mucha paciencia.
“Él mata en las arenas por un premio, gana un minuto que añadir a su vida. Pero la enfermedad se ahoga en gritos por más. Ruega a Dios, rápido, obsérvalo caer…” (Joy Division, “Atrocity Exhibition”, 1979).
Más allá de una emergencia sanitaria y una interminable exhibición de atrocidades a nivel global en la que debemos tener autoresponsabilidades mínimas de salud y educación cívica en nuestra vida diaria, hay que anteponer el bien común, hacer una reflexión en concreto sobre el medio ambiente donde estamos todos insertos y el bienestar, mental y físico, de los nuestros en términos morales, espirituales, laborales, afectivos, económicos. Más allá de la atrocidad, más allá de la ridícula música alarmista del noticiero, más allá de lo que diga el Ministro o el Presbítero tal.
Hay muchos cineastas que a través de sus películas muestran los desequilibrios sociales en cualquiera de sus formas, en diferentes épocas y con reducida eficacia.
Pero también hay otros que no sólo intentan indagar con los recursos de la ficción o el documental sobre la realidad, sino que se manifiestan sobre aquello que los incomoda profundamente y advierten sobre quiénes son los causantes de esos males que, se sabe, aquejan a vastas porciones de la humanidad, precisamente a las mayorías, que suelen las más vulnerables.
Uno de ellos, tal vez el más decidido porque a veces es difícil ocultar sus visiones personales de sus puntos de vista artísticos, es el finlandés Aki Kaurismäki, un tipo jugado por los débiles, los olvidados, los rechazados, los migrantes, a quienes ha retratado con extrema fidelidad en buena parte de sus obras. Siempre con su estilo austero, directo y al grano, el cineasta nacido en Orimattila, le da su sello característico a sus producciones.
Aki vive desde hace unos años en Portugal y dice que ahora puede hablar en otro idioma que no sea el “impostado e imperialista” inglés, algo de lo que renegaba sin encontrar otra opción a la hora de las entrevistas en festivales y la prensa cinéfila. “Hablo en portugués ahora, no tan bien como un nativo, pero me defiendo y es un placer porque no tengo que morir en el inglés, creo que todos deberíamos imponernos el uso de otro idioma para contrarrestar su hegemonía”, apuntó en una reciente entrevista.
Esa actitud tan poco políticamente correcto parece no preocuparlo demasiado cuando debe asistir a ceremonias o entrega de premios, a las que generalmente llega tarde. “No voy a decir que no me interesan que reconozcan mi obra pero a veces simplemente no tengo nada de ganas de ir a recibir galardones y decidirme me lleva tiempo y como suelo hacerlo sobre la hora en la que tengo que marchar, indefectiblemente ya retraso mi llegada”, apuntó.
En una ocasión, al recibir un premio por su film ‘El otro lado de la esperanza’ (2017), donde cuenta el encuentro entre un joven refugiado sirio y un finlandés hastiado de la hipocresía y dispuesto a cambiar de vida habiendo cruzado los cincuenta, hizo referencia a las cuestiones que subyacen en ese film: “No vivimos en el mejor de los mundos posibles, así que depende de cada uno de nosotros que haya ese punto de esperanza”. Luego intentó poner en relieve la dimensión que alcanza la miseria humana y que por estos días puede verse reflejada en acciones de todo tipo cuando la pandemia del Covid-19 está haciendo estragos en el mundo.
Cuando recibió en París el premio del Cine Europeo al mejor director, Kaurismäki sentenció: “Cada uno decide si damos patadas o matamos a los que no tienen nada o a nuestros vecinos, o les ayudamos con un poco de pan y vino tinto. Yo prefiero la segunda opción. Quien da, recibe, y así eres más feliz, aunque nunca se sepa bien qué es eso de la felicidad”.
En los últimos años, el director de Luces al atardecer (2006), fue volviéndose un contestatario político que indaga sin miramientos en el oscuro avance neoliberal que viene azotando poblaciones enteras con vertiginosa velocidad. Y, claro, desnuda la necedad y e ignorancia de los llamados líderes mundiales.
A principios de 2018, cuando los barcos atestados de refugiados se hundían o naufragaban frente a las costas europeas sin que nadie hiciese nada por impedirlo, apuntó: “El poder está en manos del capital, que está conducido por idiotas peligrosos. El mundo está en las peores manos posibles. El problema de los refugiados no ha hecho más que empezar. Cuando era niño confiaba en Europa. Hoy es una vergüenza para Europa que no se haga caso a este drama. Las potencias prueban sus armas en Siria. Este planeta nunca tuvo tantos sociópatas en el poder. El presidente (Dwight D.) Eisenhower, alguien insospechable de estar al lado izquierdo de la historia, dijo que había que evitar la unión entre el capital y la industria armamentística, que es exactamente lo que hoy ocurre”.
En relación a la ONU dijo: “El principal problema es el Consejo de Seguridad de la ONU y el poder de veto que tiene Estados Unidos. Porque el resto son unos payasos. El 90% de la población quiere vivir, plantar su huerto, criar a sus hijos, y no puede. El 10% restante son esos sociópatas que tienen el poder. La UE (Unión Europea) también tiene la culpa por priorizar la economía, y por cerrar la puerta a esta gente, convirtiendo a Siria en un campo de concentración”.
No conforme con retratar el papel que les toca a las grandes potencias en esas jugadas, continuó con una opinión que se enmarca en el mejor humor negro, un aspecto que suele resaltar en sus películas y que hacen a sus personajes invariablemente populares. “Es una pena que los yanquis, que tenían la tradición de asesinar a sus presidentes la hayan perdido ahora. Lo hacían con los que no eran tan terribles, y no lo hacen ahora con los terriblemente malos. Prefieren bombardear en Medio Oriente a la gente en la calle”. Seguidamente, también de su propia cosecha, remató en un tono aún más directo: “Esta no es una reunión para rendirnos. La esperanza mueve montañas y sin la esperanza solo nos quedan los bares. Vamos a un bar”.
Justamente ese humor negro es el que le permite imprimir un sello único a sus películas a lo largo de los años, que de lo contrario, se volverían insoportablemente pesimistas –aunque nada falsas– a partir de las historias de perdedores y desgraciados que suelen aparecer en sus largometrajes.
Así ocurre en su cuarteto triunfante de obras maestras de El Puerto (2011), El Hombre Sin Pasado (2002), Nubes Pasajeras (1996), La Chica de la Fábrica de Fósforos (1990), de las que dijo intentando graficar cómo hacía cine: “Hago lo que puedo y así se queda. Ruedo ensayos y ya está. Una vez fui joven y tenía entusiasmo. Me fijaba en el surrealismo de Buñuel, o en la Nouvelle Vague y con el tiempo me hice más serio. Me equivoqué: la vida humana se tiene que transmitir con el humor. Sin humor, de la sala se van los espectadores y hasta yo mismo”.
Un artista directo, franco, que no teme decir y expresar con lujosa asertividad lo mal que están enfocados quienes controlan este planeta y como la humanidad va cediendo terreno frente a la avaricia, el egoísmo, la desesperanza y el desconsuelo.
Un amante de los perros que en cada film se encarga de demostrar cuan maravillosos, luminosos y detonantes de amor y entrega, haciendo de su trabajo algo único e irrepetible.
Playlist del ciclo Chile – Rumania «Frame», como el cuadro de una fotografía musical que nos conecta. Plan de vuelo // Estúpido Austral // WEB Compartiremos set’s y novedades que esperamos disfruten tanto como nosotros.
Sesión @Plandevueloccp para #FRAME Sebastian Piñones Live set /act Estúpido austral Visual art
3er Capítulo del mini ciclo en conjunto con amigos de diversas latitudes y lo llamamos «Frame», como el cuadro de una fotografía musical que nos conecta en Chile y Rumania.
Plan de vuelo // Estúpido Austral // WEB Compartiremos set’s y novedades que esperamos disfruten tanto como nosotros. Sesión @Plandevueloccp para #FRAME Jorge Durdos Vinyl Set Estúpido Austral Video Post-producción de Video.
El Durazno s/nº, Penco. Región del Bio Bío, Chile. Junio 2020.
2do Capítulo del mini ciclo en conjunto con amigos de diversas latitudes y lo llamamos «Frame», como el cuadro de una fotografía musical que nos conecta en Chile, Rumania.
Plan de vuelo // Estúpido Austral // WEB Compartiremos set’s y novedades que esperamos disfruten tanto como nosotros. Sesión @Plandevueloccp para #FRAME Animal Dj Set Estúpido Austral Original Video & Visuals Septiembre 2020.
Comenzamos con un mini ciclo en conjunto con amigos de diversas latitudes y lo llamamos «The Frame, como el cuadro de una fotografía musical que nos conecta en Chile, Austria y Rumania. Plan de vuelo // Estúpido Austral // WEB Compartiremos set’s y novedades que esperamos disfruten tanto como nosotros. Sesión @Plandevueloccp para #FRAME Sebastian Piñones Live set /act Estúpido austral Visual art Chile, Región del Bio Bío Junio 2020.